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Ahorro e inversión

Cuánto tienes que ahorrar para jubilarte

La cuenta va al revés de como se suele plantear: primero decides qué renta anual quieres complementar, la multiplicas por unas veinticinco veces para obtener el capital objetivo, y desde ahí calculas la aportación mensual que hace falta. Cuanto antes empieces, menos aportación y más interés compuesto.

7 min de lectura

Casi todo el mundo se hace esta pregunta al revés: «¿cuánto debería ahorrar al mes?». Así no tiene respuesta, porque falta el objetivo. La cuenta va en el otro sentido.

Paso 1: la renta que quieres complementar

No «cuánto necesito para vivir», sino cuánto quiero añadir a mi pensión pública. Para la mayoría de asalariados en España la pensión seguirá siendo la parte principal, así que lo que estás dimensionando es un complemento.

Empieza por una estimación realista de tu pensión —la Seguridad Social tiene un simulador con tu vida laboral real— y resta. La diferencia entre lo que quieres gastar y lo que vas a cobrar es tu objetivo de renta anual.

Paso 2: de renta a capital

Aquí entra la referencia más usada, la llamada regla del 4 %: si retiras cada año un 4 % del capital inicial, ajustado por inflación, una cartera diversificada ha aguantado treinta años en la mayoría de escenarios históricos.

Dicho al revés, que es como se usa:

capital objetivo ≈ renta anual deseada × 25

Renta anual que quieres complementar Capital orientativo
6.000 € (500 €/mes) 150.000 €
12.000 € (1.000 €/mes) 300.000 €
18.000 € (1.500 €/mes) 450.000 €

Es una referencia para dimensionar, no una garantía. Con más de treinta años por delante o con rentabilidades futuras más bajas, el porcentaje prudente baja, y el multiplicador sube.

Paso 3: cuánto aportar para llegar

Aquí es donde el tiempo hace casi todo el trabajo. Para el mismo objetivo, empezar diez años antes reduce la aportación mensual mucho más de lo que la intuición sugiere, porque los últimos años de la curva son los que más capital generan y solo existen si empezaste pronto.

Tres variables, y solo controlas dos de verdad:

  • Los años. La más poderosa, y la única que no se puede recuperar.
  • La aportación. La que depende de ti cada mes.
  • La rentabilidad. No la decides; lo que sí decides es el coste, y ahí un punto de comisión anual sostenido treinta años se lleva una parte enorme del resultado.

Los tres números que hay que mirar, no uno

Cuando salga la cifra final, míratela de tres formas:

  1. Nominal: lo que verás en la pantalla ese día.
  2. Real: lo que podrá comprar, descontada la inflación. Es la que importa.
  3. Neto: lo que queda tras el impuesto de la ganancia, si vendes.

La diferencia entre la primera y la segunda a treinta años vista es brutal, y es la razón por la que «tendrás medio millón» suena mucho mejor de lo que es.

Lo que no hay que hacer

  • Esperar a tener «suficiente» para empezar. Aportar poco durante mucho tiempo gana a aportar mucho durante poco.
  • Confundir volatilidad con riesgo. Si el horizonte es de veinte años, una caída del 30 % en el año tres es ruido, siempre que no vendas ni necesites el dinero.
  • Empezar a invertir sin colchón. Tres a seis meses de gastos disponibles, primero. Sin eso, el primer imprevisto te obliga a vender en el peor momento.

Para poner tus números —lo que tienes, lo que puedes aportar, los años que te quedan y la comisión del producto— y ver el capital final en las tres versiones, la calculadora lo resuelve en cuatro campos.

Fuentes. Ley 35/2006 del IRPF, art. 66 (escala del ahorro) · Seguridad Social — simulador de jubilación
Esta guía es información general, no asesoramiento fiscal ni legal.

El siguiente paso

Calculadora de interés compuesto con aportaciones periódicas

Pon lo que tienes, lo que vas a aportar y durante cuánto tiempo. Verás el capital final, cuánto de eso son intereses y qué se llevan por el camino las comisiones y la inflación.

5.000 € iniciales, 200 € al mes, 6 % a 20 años

Calcular mis aportaciones

Preguntas frecuentes

¿La regla del 4 % es fiable?

Es una referencia, no una ley física. Sale de estudios sobre carteras diversificadas en Estados Unidos durante el siglo XX, y dice que retirar cada año un 4 % del capital inicial, ajustado a la inflación, sobrevivió a periodos de treinta años en la mayoría de escenarios históricos. Sirve para dimensionar el objetivo, no para garantizar nada: con rentabilidades futuras más bajas, con más años por delante o con años malos justo al principio, el porcentaje seguro es menor. Úsala para saber si necesitas 200.000 o 600.000, no para decidir el día que dejas de trabajar.

¿Plan de pensiones o fondo indexado?

Son cosas distintas y no compiten del todo. El plan de pensiones reduce tu base imponible el año que aportas, pero tiene un límite anual de aportación bastante bajo desde las últimas reformas, y al rescatarlo tributa entero como rendimiento del trabajo, no como ahorro. Un fondo de inversión no desgrava, pero es líquido, permite traspasos sin tributar y al vender solo tributa la ganancia. Para la mayoría, el fondo es más flexible; el plan tiene sentido sobre todo con tipos marginales altos y horizonte largo.

¿Y mi pensión pública, no cuenta?

Cuenta, y mucho: para la mayoría de trabajadores por cuenta ajena en España es la parte principal del ingreso en la jubilación. Por eso el cálculo de esta guía es de complemento, no de sustitución: decide qué renta quieres añadir a tu pensión estimada, no cuánto necesitas para vivir desde cero. La Seguridad Social publica un simulador con tu vida laboral real, y es el punto de partida honesto antes de dimensionar el ahorro privado.